¿Por qué siempre sube mi factura eléctrica? (II)

Así llegamos a 2012 y todo parecía indicar que el calendario iba a ser incumplido y en 2013 continuaría existiendo déficit eléctrico. Por ello, el nuevo Gobierno decidió ampliar el calendario a través de un nuevo decreto. Pero esta vez las empresas productoras decidieron plantarse y exigieron el cumplimiento del calendario establecido en 2009 y el Tribunal Supremo les dio la razón. Así, en la última factura de la luz el consumidor puede observar dos conceptos a los que Endesa en concreto denomina “Ajuste precios 4º t 2011” y “Ajuste precios abril 2012” que corresponden a la refacturación de los importes no cobrados en esos periodos.

En definitiva, aún a día de hoy el consumidor español paga por su electricidad un precio inferior a su coste real. Ese coste real, no obstante, es en España el tercero mayor de la UE, tan sólo superado por dos pequeñas islas: Malta y Chipre. Este elevado precio se debe a la ya mencionada elevada presencia de las fuentes renovables en la producción de electricidad. Así, en nuestro país, casi el 35% de la electricidad procede de fuentes renovables, un porcentaje que aumenta hasta el 44% si consideramos la cogeneración como una fuente renovable. Pero, además, de las renovables y sus subvenciones también existen otros elementos que encarecen considerablemente la factura eléctrica:

En primer lugar, los propios intereses derivados del aplazamiento del cobro por parte de las empresas eléctricas suponen una parte no desdeñable del término fijo de energía. Estos costes podrían desaparecer completamente a partir de 2013 cuando el déficit del sistema fuese eliminado. No obstante, para eliminar el déficit será necesario aumentar hoy el precio pagado por el consumidor adherido a la TUR.

Por otro lado, las centrales termoeléctricas españolas que producen la electricidad a partir del carbón están obligadas a utilizar un porcentaje mínimo de carbón nacional, el cual resulta más caro que el procedente del resto del mundo. De esta manera, la producción eléctrica se encarece de forma artificial.

En tercer lugar, en la década de los 80 se aplicó en España una “moratoria nuclear” que se traduciría en la paralización en 1991 de la construcción de centrales nucleares (incluso de aquellas cuya construcción ya había sido iniciada). Dicha moratoria obedece a motivos de seguridad ya que los accidentes en este tipo de instalaciones suelen tener un impacto medioambiental de gran magnitud. No obstante, en condiciones normales, la producción de electricidad a partir de este tipo de instalaciones tiene un precio similar a la producida a partir de combustibles fósiles y no emite gases de efecto invernadero (GEI).

Por último, en España y el resto de países europeos, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, ha alcanzado un escaso desarrollo la extracción de gas de esquisto, a pesar de que tanto este país como Europa son ricos en yacimientos de este tipo. Hasta hace pocos años la extracción de gas de esquisto no era viable al tratarse de yacimientos subterráneos a gran distancia de la superficie. Sin embargo, el desarrollo tecnológico ha cambiado las tornas y hoy en América el precio del gas es muy inferior al existente en Europa. Ello ha permitido sustituir carbón y petróleo por gas en la generación de electricidad. Este último combustible, además de ser más barato en el caso de Estados Unidos, genera unas emisiones de GEI inferiores.

La razón del retardo de su uso en Europa se atribuye a dos factores fundamentales: consideraciones medioambientales y derechos de propiedad del subsuelo. En cuanto al primer factor, los efectos sobre el entorno de la extracción de gas de esquisto no son claros. Los ecologistas suelen argumentar que durante la extracción se libera gran parte de gas a la atmósfera y se contaminan los acuíferos (por internet circulan algunos vídeos de grifos que echan agua a la cual sus usuarios prenden fuego). Además, al ser Estados Unidos un país menos densamente poblado que la mayoría de países europeos, es más difícil encontrar comunidades opuestas a la extracción del gas en América que en Europa.

En cuanto a los derechos de propiedad del subsuelo, en Estados Unidos tales derechos pertenecen al particular propietario de la superficie (es decir, el propietario de un terreno es propietario tanto del suelo como del subsuelo situado bajo éste) mientras que en Europa son de dominio público. Por ello, en Estados Unidos los particulares tienen un mayor interés que en Europa en la explotación de los yacimientos.

La explotación de las reservas de gas de esquisto no sólo permite reducir el coste de la electricidad y las emisiones de GEI sino también la dependencia de los grandes países productores como Irán, Qatar, Rusia, Argelia o Libia, países todos con una estabilidad política reducida. Así, por ejemplo, en España dos tercios del gas consumido procede de Argelia, lo que provoca que nuestro país sea especialmente vulnerable ante una eventual primavera árabe argelina.

En resumen, en España la electricidad es más cara que en muchos países desarrollados en gran medida porque se genera de una forma más limpia. Sin embargo, este calificativo de “más cara” no resulta del todo acertado ya que los costes de carácter medioambiental generados por otras fuentes de producción eléctrica no son recogidos por el sistema privado de precios. Además, la mayor participación de las fuentes de energía renovables en el mix energético permite mejorar la seguridad en el abastecimiento.

Por otra parte, en los próximos años cabe esperar un aumento sostendio del precio del petróleo conforme las reservas mundiales se agotan y aumenta la demanda de los países en vías de desarrollo y emergentes. De este modo, el coste de la electricidad generada por esta fuente aumentará y se acortará la diferencia de costes con respecto a la electricidad producida a través de fuentes renovables.

Sin embargo, también existen fallos en el sector eléctrico que deben ser corregidos. Así, el déficit del sistema es un problema cuya no resolución en el presente implica unos mayores costes de corrección en el futuro. De igual modo, las obligaciones de uso de carbón nacional, si bien son positivas para paliar en cierta medida la destrucción de empleo en los pueblos mineros de Asturias y León, suponen un lastre no sólo para la reducción del coste de la electricidad sino también para la preservación del medio ambiente.

Así pues, el objetivo de la política energética debe ser la producción limpia y la seguridad en el abastecimiento. Todos aquellos costes que no obedezcan a estos objetivos deberían ser eliminados para así evitar un encarecimiento adicional e injustificado de un servicio esencial tanto para la producción de otros bienes y servicios como para el consumo familiar.

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