Recomendaciones (IV): Subidas de impuestos

En el post anterior de Recomendaciones se hablaba de la necesidad de reducir el gasto público para conseguir un saldo estructural equilibrado o ligeramente superavitario. Sin embargo, la reducción del gasto público podría no ser suficiente para alcanzar este objetivo o podrían existir límites de corte político o ético a tales reducciones. En ese caso, se hace necesario un aumento de los ingresos públicos, que debe proceder fundamentalmente de subidas de impuestos.

El hecho de que se haya dejado esta recomendación para el último post obedece no sólo a motivos de claridad expositiva sino también al hecho de que los impuestos suelen ser, desde el punto de vista económico, poco deseables por varios motivos: en primer lugar, introducen distorsiones en el comportamiento de los individuos. Así, por ejemplo, la reciente subida del IVA de muchos productos provocó enormes colas en numerosos supermercados y estaciones de servicio. Pero, además, los impuestos suponen una transferencia de rentas desde los agentes privados hacia el sector público. Dado que el sector público suele invertir los fondos recaudados en actividades menos rentables (no tanto por la existencia de ineficiencias en la Administración sino más bien porque la función del Estado no es maximizar el beneficio económico) los niveles de crecimiento económico y de renta per cápita podrían ser inferiores.

Por ello, un adecuado sistema impositivo debería cumplir ciertos requisitos:

  • En primer lugar, debería proporcionar los ingresos suficientes para financiar el gasto deseado.
  • Sin embargo, obtener siempre los ingresos necesarios para financiar el gasto implica aumentar los impuestos en épocas de recesión para compensar la disminución de la renta y la riqueza que constituyen la base imponible de los tributos. De este modo, la política fiscal podría agravar los ciclos económicos. Por ello, sería también deseable que la recaudación del gobierno se redujese en mayor medida que la renta durante las épocas de recesión y aumentase en mayor medida que la renta en épocas de auge para así suavizar el ciclo económico.
  • Por otro lado, el sistema fiscal debería minimizar las distorsiones sobre el comportamiento de los agentes. No obstante, los únicos impuestos que cumplen este criterio son los impuestos de suma fija, es decir, gravar con una cantidad fija a cada individuo con independencia de su situación económica y personal.
  • Los impuestos de suma fija resultan poco deseables desde la óptica de la equidad. Es por ello que el sistema fiscal también debería exigir un mayor esfuerzo fiscal a los individuos de mayor renta. No obstante, la equidad no sólo se consigue por el lado de los ingresos sino también por el lado del gasto.
  • Por último, sería también deseable que los individuos que se benefician en mayor medida de los proyectos públicos contribuyesen también en mayor medida a su financiación. No obstante, cobrar a los beneficiarios de algunos servicios como el sistema sanitario un tributo en función del beneficio recibido podría ser poco equitativo.

Como puede apreciarse, cumplir las cinco condiciones anteriormente expuestas puede resultar imposible. Por ello, a continuación se ofrece una serie de recomendaciones sobre cómo modificar el sistema fiscal español respetando en la medida de lo posible los principios anteriores:

En primer lugar, sería deseable que los usuarios de determinadas infraestructuras como las autovías pagasen por su uso al igual que ocurre con las autopistas de peaje. De este modo no sólo se contribuye a la financiación de estas costosas infraestructuras sino que también se fomenta el uso del transporte público. El uso del trasnporte público no sólo presenta efectos beneficiosos sobre el medio ambiente sino que también reduce nuestra dependencia de los países productores de petróleo y las transferencias de rentas que a ellos se realiza cuando se adquiere esta materia prima.

Siguiendo con los tributos ecológicos, cabe destacar lo que los anglosajones denominan sustituir el “Pay as you earn” (Paga por lo que ganas) por el “Pay as you burn” (Paga por lo que contaminas). En este sentido, aumentar la fiscalidad sobre los hidrocarburos podría ser una medida deseable (o, al menos, no muy indeseable). De igual manera, podría establecerse un impuesto adicional sobre el consumo de electricidad en función de la eficiencia energética de la compañía suministradora (en el reverso de la factura eléctrica las compañías están obligadas a publicar el origen de la electricidad, las emisiones de dióxido de carbono y los residuos radiactivos generados).

No obstante, los impuestos ecológicos suponen una pequeña parte del total de la recaudación impositiva. Los tres impuestos de mayor recaudación son IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades (IS).

En materia de IRPF se ha apostado recientemente por subir los tipos impositivos en mayor medida a las rentas más elevadas, aumentado así la progresividad del impuesto, y por eliminar algunas deducciones. La progresividad impositiva es muy deseable desde la óptica de la equidad. Sin embargo, unos tipos marginales muy elevados podrían desalentar la instalación en nuestro país de empresas altamente competitivas cuyos directivos cobran importantes sumas, ya que éstos preferirían instalarse en zonas donde la tributación por sus rentas fuese menor. De este modo, no sólo se dejan de gravar las rentas obtenidas por estos directivos sino también por los empleados de sus empresas.

Por ello, es recomendable utilizar tipos impositivos lo más lineales posibles, es decir, que todos los individuos paguen en concepto de IRPF un mismo porcentaje de su renta. Aunque desde el punto de vista de la equidad esta opción sería poco deseable, debe recordarse que la equidad también puede conseguirse por el lado del gasto público. De hecho, en Estados Unidos la importancia recaudatoria del IRPF progresivo es mucho mayor que en la mayoría de los países europeos lo que hace que su sistema fiscal sea calificado como muy equitativo. Sin embargo, las desigualdades en términos de renta y de acceso a servicios esenciales como la educación y, sobre todo, la sanidad, son mucho más exacerbadas que en Europa.

Por su parte, la eliminación de deducciones en el IRPF podría también suponer a primera vista un ataque a la equidad. Sin embargo, muchas de esas deducciones benefician en mayor medida a los individuos de mayor renta. Este es el caso de las deducciones por inversión en vivienda habitual y por aportaciones a planes de pensiones privados. Dado que son los individuos de mayor renta los que pueden comprar viviendas de mayor precio y realizar mayores aportaciones, éstos serían también los mayores beneficiarios. Hay quien alega que existen topes a esas deducciones. Por ejemplo, en el caso de la vivienda habitual la base de deducción máxima a aplicar era de 9.015 €. Sin embargo, estos límites también redundan en una mayor desigualdad ya que Amancio Ortega podrá deducirse por su mansión habitual lo mismo que un trabajador que cobre el salario mínimo por su piso de 45 metros cuadrados. Por ello, un IRPF plano y con las menores deducciones posibles sería la opción más deseable. Además, los costes de cumplimiento del impuesto serían mucho menores en tanto que una mayor proporción de individuos podría cumplir con sus obligaciones fiscales sin recurrir al asesoramiento de expertos.

Existen no obstante, algunas deducciones que sería deseable preservar o incluso aumentar en tanto que incentivan el trabajo. Entre esas deducciones podemos destacar las aplicadas las rentas obtenidas por colectivos con mayores dificultades o menores incentivos para la inserción laboral como los individuos con discapacidad física o mental, aquellos que han sobrepasado la edad legal de jubilación, las madres con hijos menores de cierta edad… De este modo, no sólo se aumenta la recaudación al contar con una mayor parte de la población obteniendo rentas sino que también se reducen algunos gastos sociales.

El segundo gran impuesto del sistema fiscal español es el IVA, un impuesto que grava el consumo realizado por los hogares. Los impuestos sobre el consumo son los menos deseables desde el punto de vista de la equidad en tanto que suelen tener un carácter regresivo. Dicho carácter regresivo se deriva fundamentalmente del hecho de que las familias de mayor renta destinan una menor proporción de sus ingresos al consumo. Así, por ejemplo, si suponemos que sólo existe un impuesto del 20% sobre el consumo, una familia con unos ingresos mensuales de 5.000 € que destine a consumo 3.000 €, pagaría unos impuestos de 600 €, es decir, el 12% de su renta. Por su parte, una familia que ingrese 1.000 € y destine 800 a consumo, pagaría unos impuestos de 160 €, es decir, el 16% de su renta. Es por ello que en Estados Unidos no existe el IVA (tan sólo algunos Estados establecen un impuesto sobre las ventas minoristas) lo cual contribuye a que, según muchas estimaciones, el sistema fiscal americano sea de los más progresivos del mundo (de nuevo podemos apreciar que la equidad no sólo se consigue por la vía de los ingresos).

No obstante, el consumo es una variable mucho más estable que la renta ya que, por mucho que descienda la renta, siempre debe existir un nivel mínimo de consumo, por lo que el IVA cumple en mayor medida que otros impuestos la condición de suficiencia. Para tratar de limitar los efectos negativos sobre la equidad en España existen 3 categorías de productos en función de su grado de esencialidad para el consumidor a los cuales se aplican tipos del 21%, 10% y 4%. Además, recientemente, muchos productos han cambiado de categoría con la nueva reforma.

Entre los productos que aún son gravados al 10% destacan las comidas de los restaurantes y los alojamientos en hoteles aun cuando son los individuos de mayor renta los que destinan una mayor proporción de sus ingresos a estos bienes. La justificación esgrimida es la importancia del sector turístico en España. Sin embargo, el resto de sectores en su conjunto tienen una importancia mayor que el turismo y no por ello se les aplica un tipo más favorable.

En cualquier caso, el IVA sigue siendo un impuesto que es necesario aplicar para garantizar una mayor estabilidad a los ingresos públicos.

El tercero de los grandes impuestos es el IS. Este impuesto, al gravar los beneficios empresariales, supone una doble tributación para los accionistas: en primer lugar, el IS grava el beneficio bruto de la empresa reduciendo así el dividendo que percibe el accionista y, en segundo lugar, el dividendo percibido por el accionista es gravado por el IRPF. Además, el IS grava el beneficio bruto de cada accionista con el mismo tipo impositivo con independencia de las rentas que éste obtenga a través de la propia empresa o de otras vías.

En definitiva, la empresa es un mecanismo para que los accionistas obtengan rentas por lo que los beneficios empresariales sólo deberían ser gravados en el IRPF de los accionistas. No obstante, este impuesto tiene un escaso coste poítico en tanto que gravar las rentas de las empresas siempre parece más ético que gravar las rentas de las personas físicas.

En cualquier caso, en el IS existen muchas deducciones que también son difícilmente justificables. Así, por ejemplo, las rentas obtenidas por las exportaciones de producciones cinematográficas obtienen una mayor deducción que las inversiones realizadas en I+D+i. Asimismo, mientras que el pago de intereses de las deudas es un gasto deducible, el pago de dividendos no lo es, por lo que existe un claro incentivo al aumento del endeudamiento empresarial. La corrección de éstas y otras irregularidades debería ser primordial.

Por último, existen una serie de impuestos que gravan la obtención de rentas concretas o la posesión de riqueza. Entre esos impuestos podemos destacar el Impuesto sobre Patrimonio (IP) y el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD).

El primero gravaba (fue abolido en 2008) el patrimonio familiar. Aunque se trata de uno de los impuestos más justificables desde el punto de vista de la equidad, el tipo de este impuesto no debe ser muy elevado puesto que podría provocar problemas de liquidez. Así, existen familias con grandes patrimonios pero con escasas rentas que, para hacer frente al pago del impuesto, deberían vender parte de su patrimonio. Sin embargo, deshacerse de algunos activos como edificios no resulta siempre fácil. Es por este motivo que la recaudación del IP era reducida. No obstante, la recuperación de este tributo podría aportar su granito de arena a la reducción del déficit y, al mismo tiempo, reducir el coste político de aumentar otros impuestos.

El ISD, por su parte, grava las rentas obtenidas a partir de herencias y donaciones. Este impuesto es muy deseable desde el punto de vista de la equidad en tanto que el beneficiario de estas rentas no ha tenido que llevar a cabo ningún esfuerzo para obtenerlas. Sin embargo, este impuesto trata de manera muy diferente situaciones prácticamente idénticas. Así, por ejemplo, supongamos un padre con dos hijos que decide dedicar a la educación de cada uno de ellos 50.000 €. Además, se trata de un padre previsor que establece en su testamento que, el día que él falte, se reserven estas cantidades de la herencia para tales fines. Supondremos además que el padre sólo vive para entregar los 50.000 € a uno de sus hijos. No obstante, la muerte no será un impedimento para que el segundo hijo pueda emplear dicha cuantía en su educación. Sin embargo, mientras que el primer hijo no debe pagar ningún tributo por esos fondos, el segundo hijo sí que deberá hacerlo.

Es por ello que el ISD no existe a día de hoy en muchas Comunidades Autónomas. No obstante, su recuperación podría ser necesaria para cuadrar el presupuesto de los entes regionales y evitar el recurso al Fondo de Liquidez (el fondo de rescate español de las CC.AA).

 

En resumen, podría afirmarse que las subidas de impuestos deberían basarse fundamentalmente en aumentar un tipo lineal establecido en el IRPF. Como, probablemente, estos ingresos serían insuficientes para financiar todos los gastos, sería deseable recurrir a impuestos del tipo “Pay as you burn”. No obstante, si estos impuestos son totalmente eficaces, la recaudación obtenida por los mismos sería nula. En ese caso, el tercer impuesto menos indeseable sería el Impuesto de Patrimonio o los pagos por el uso de determinadas infraestructuras. En cuarto lugar se situarían el IS y el IVA. No obstante, este último permite obtener una recaudación bastante estable por lo que su uso se justifica por motivos de suficiencia. Si aún así, nos encontramos con que las subidas de impuestos son insuficientes habría que recurrir a otros tributos de justificación menos clara.

Por último, el Estado podría recurrir a la enajenación de parte de su patrimonio. Con ello, se generarían ingresos públicos que permitirían amortizar parte de la deuda pública y eliminar con ello el pago de los correspondientes intereses.

 

A lo largo de estos cuatro posts de recomendaciones se han ofrecido una serie de medidas para restaurar el crecimiento económico y eliminar el déficit público. Aunque ninguna de ellas de forma aislada ni todas ellas de forma conjunta garantizan plenamente la salida de la crisis, la no aplicación de muchas de ellas podría prolongar considerablemente la actual situación.

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5 respuestas a Recomendaciones (IV): Subidas de impuestos

  1. Me parece interesante tu último post. He de decir que me han sorprendido algunos datos (deducciones por producciones cinematográficas vs I+D+I)y que tengo posiciones encontradas con algunos de tus planteamientos (peaje de autovías…). Espero poder exponer mi planteamiento cuando tenga algo más de tiempo…Mientras tanto, te sugiero un tema para un posible post dentro de un tiempo : ¿Podrías arrojar algo de luz (y nunca mejor dicho) sobre las subidas del precio de la electridad? ¿Cómo puede el Estado “vigilar” el precio de las gasolinas?

    A seguir alumbrando…

  2. Ana dijo:

    Durante la primera parte del post se hablaba de una serie de condiciones que debe cumplir el sistema impositivo óptimo y de la dificultad para que todas se cumpliesen de forma simultánea. Esta dificultad provoca que las decisiones en materia fiscal sean, en última instancia, de carácter político. Quizás sería más deseable desde la óptica de la equidad subir el IRPF en lugar de cobrar por el uso de las autovías, no?

  3. economiccomments dijo:

    Tal y como afirma Ana, es imposible diseñar un sistema fiscal que cumpla todas las condiciones de optimalidad expuestas. Entiendo que pagar por el uso de las autovías puede ser poco equitativo pero también resulta deseable que aquellos que se benefician de un bien o servicio público paguen por dicho beneficio.
    En el ejemplo mencionado el político deberá decidir entre aplicar en mayor o menor medida el principio de equidad o el principio del beneficio. Optar por una opción más próxima a un principio u otro debería depender en última instancia de la voluntad de sus electores.
    En cualquier caso, si Fran-Chico Fernández encuentra motivos adicionales para no aplicar el tributo por uso de infraestructuras y los considera excesivamente amplios para exponerlos en un único comentario, yo no tendría ningún inconveniente en publicarlo bajo la forma de post aclarando que se trata de una aportación suya. Cualquier crítica o comentario será siempre bienvenido.

    En cuanto al tema de las gasolineras, resulta paradójico que en España el precio de los hidrocarburos sea similar o incluso superior al de muchos países europeos aun siendo la fiscalidad sobre estos productos más reducida. Actualmente la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) trabaja para resolver esta paradoja aunque podría adelantarse que el problema radica en un menor nivel de competencia. Así, existen 3 grandes compañías: Repsol, BP y Cepsa que controlan el 60% de las estaciones de servicio. Por otro lado, siguen existiendo restricciones de carácter legal a la apertura de este tipo de instalaciones en ciertos lugares como las autovías y autopistas. Eliminar estas restricciones debería ser prioritario. Por otra parte, podría aplicarse una separación legal entre las empresas productoras y las empresas propietarias de estaciones de servicio para así evitar que las grandes petroleras tuvieran un mayor poder para elevar los precios. No obstante, esta última opción debería ser objeto de un estudio más cauteloso.

    Por último, en lo referente al sector eléctrico, siguiendo la sugerencia de Fran-Chico Fernández, ya me he puesto a elaborar un post sobre el asunto.

  4. Juan Manuel Olivera Vázquez dijo:

    Muy cierto todo lo comentado aquí. No sé por qué no se está realizando ningún ajuste en estos impuestos dónde, cómo tu muy bien explicas, hay deducciones y limites un tanto ineficientes. A parte del ya poco control fiscal.
    Esto juega un papel fundamental de cara a mejorar la situación, se debería haber abordado ya desde el Gobierno…
    Y, por último, totalmente a favor de la venta de Patrimonio para obtener ingresos. Sería una buena ayuda dónde dicha medida no perjudica a absolutamente nadie.
    Como siempre amigo, muy buen post. Gran hilo este llevado.
    Te veo pronto, un abrazo.

    • Una puntualización sobre las deducciones: el Gobierno de Zapatero ya eliminó la deducción por vivienda habitual del IRPF. Aunque Rajoy la recuperaría para 2012, en 2013 de nuevo será eliminada. Por otra parte, también se han limitado las deducciones aplicables en el IS, sobre todo a las grandes empresas. No obstante, coincido contigo en que aún existen muchas deducciones de difícil justificación tanto económica como social.

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