Rescates bancarios: un mal necesario

Una de las medidas económicas que genera mayor malestar e indignación social son los rescates bancarios, sobre todo cuando estos tienen lugar justo después de que se hayan realizado numerosos y dolorosos recortes en servicios públicos esenciales. No obstante, existen ciertos argumentos que justifican estos rescates.

Para entender tales argumentos vamos a imaginarnos en primer lugar una fábrica de coches. Por simplicidad asumiremos que esta factoría produce únicamente un coche. El proceso de producción de ese coche comienza el 1 de enero del año X con la fase de diseño del nuevo modelo. Esa fase conlleva un coste de 5.000 euros y concluye el 31 de marzo de ese año. Posteriormente, tiene lugar la fase de construcción del vehículo que asumiremos que conlleva 6 meses y que tiene un coste de 15.000 euros. Así pues, el 30 de septiembre el coche estará listo para la venta. Sin embargo, antes de ser vendido por un precio de 25.000 euros, el vehículo debe permanecer un mes en exposición, es decir, hasta el 31 de octubre la empresa fabricante de este vehículo no ingresará ni un sólo euro. Pese a todo, los  trabajadores involucrados en el proceso de diseño y construcción del vehículo deberán recibir sus nóminas mensualmente. Aunque esta empresa es perfectamente rentable, ya que obtiene un beneficio de 5.000 euros, a menos que cuente con unos ahorros iniciales de 20.000 euros, la actividad no podrá ser llevada a cabo. Si no dispusiese de este dinero, un banco podría adelantárselo, esto es, prestarle 20.000 euros durante el tiempo necesario hasta que se produzca la venta del vehículo.

En una economía como la actual donde existen empresas que manejan cantidades que muy superiores a las del ejemplo, el crédito bancario es imprescindible para poder garantizar que actividades rentables sean llevadas a cabo. Por ello, contar con un sistema bancario saludable resulta esencial. No obstante, este argumento constituye una condición necesaria pero no suficiente para justificar los rescates bancarios ya que, si un banco quiebra, siempre podría existir otro que llevase a cabo sus funciones. Por ello, debemos recurrir a un segundo argumento.

Para entender este segundo argumento debemos tener en cuenta que, para poder realizar sus funciones de prestamista, un banco debe obtener fondos de tres fuentes fundamentales: los depósitos de los ahorradores, el capital aportado por sus accionistas y los préstamos que le conceden otros bancos. Esta última fuente es la que justifica en mayor medida los rescates bancarios. Así, si un banco se enfrenta a una gran cantidad de impagos en los préstamos que ha concedido, no podrá devolver el préstamo que le concedió otra entidad financiera. De este modo, los problemas de una entidad financiera se contagian a otras, pudiendo provocar un efecto dominó. De este modo, si el primer banco en caer es un banco de gran tamaño (por ejemplo Bankia) es probable que otros muchos bancos que hayan prestado grandes cantidades al banco quebrado quiebren también. Surge así el dilema de “Too big to fail” (demasiado grande para quebrar). No obstante, si el banco que quiebra es un banco de reducido tamaño y el resto de entidades le habían prestado una cantidad relativamente pequeña, su quiebra no supondrá un problema significativo. De este modo, para evitar un colapso bancario se hacen necesarios los rescates bancarios.

Muchos autores argumentan que ha habido bancos que han aprovechado el “Too big to fail” fusionándose (recordemos grandes fusiones de los 90 como las que dieron origen a BBVA o BSCH). No obstante, también es cierto que los bancos de mayor tamaño suelen tener una actividad más diversificada tanto geográfica como sectorialmente, lo cual los hace menos vulnerables a los problemas particulares de un sector concreto (BBVA y Santander han podido compensar con los beneficios obtenidos en otros países las pérdidas que sufren en España derivadas del colapso del sector inmobiliario). Sin embargo, las cajas de ahorro que contaban con una dimensión más reducida y con una mayor concentración geográfica y sectorial de sus inversiones han sido las entidades que se han visto más afectadas.

Por otro lado, existen autores que señalan que los bancos cuentan con la garantía implícita de que sus gobiernos no los dejarán quebrar, ya que uno de los episodios económicos más trágicos como la Gran Depresión de los años 30 se debió en gran medida a una oleada de quiebras bancarias no acompañadas de apoyo público. Aprovechando esta garantía los bancos asumen más riesgos en su política de préstamos de los que asumirían en caso de no contar con el respaldo público. Por ello, una adecuada supervisión y regulación del comportamiento de las entidades financieras resulta fundamental para evitar las imprudencias que conducen a quiebras bancarias.

En definitiva, los rescates bancarios son un mal necesario. Una vez que tiene lugar una crisis bancaria, el apoyo público resulta esencial para evitar un colapso económico similar al que tuvo lugar en la década de los 30. No obstante, pueden llevarse a cabo numerosas medidas para que el comportamiento de las entidades financieras sea lo más prudente posible. Para los interesados en cómo evitar tener que incurrir en rescates bancarios les recomiendo el libro “Too big to fail. The hazards of bank bailouts”. En este libro los autores defienden, de hecho, que no se rescate a ningún banco. No obstante, no ofrecen ningún tipo de solución una vez que tiene lugar una crisis bancaria. A pesar de todo, ofrecen una amplia gama de mecanismos de prevención, lo cual más que justifica la lectura.

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5 respuestas a Rescates bancarios: un mal necesario

  1. Skalabrini dijo:

    el libro que recomiendas esta escrito en ingles o tiene su version en castellano.

  2. Una cosilla que he olvidado en el post:
    Dado que la mayoría de los bancos desconocen la verdadera rentabilidad y riesgo de las operaciones financiadas por los bancos a los cuales conceden préstamos, la quiebra de un banco, por pequeño que sea, podría generar un proceso de contagio, es decir, los bancos prestamistas podrían pensar que los bancos a los que prestan tienen una cartera de activos similar a la del banco que quebró aunque realmente dicha cartera sea de una calidad muy superior. De este modo podrían ser reticentes a prestar a bancos similares al que quebró haciendo que estos bancos que se quedan sin financiación no puedan conceder préstamos perfectamente rentables a empresas como la fábrica de coches del ejemplo del post.
    Por ello, la transparencia de los bancos sobre el tipo de actividad que llevan a cabo resulta esencial para evitar tales contagios. Por este motivo, en España, una de las reformas financieras exigía a los bancos revelar su verdadera exposición al sector inmobiliario.

  3. Me gusta el post que has redactado sobre el necesario respaldo público ante determinados supuestos. Sin embargo, como contribuyente, tengo la sensación que existe cierta impunidad de directivos bancarios y de políticas empresariales de ciertas entidades. A veces, los políticos se empeñan en regular hasta el más mínimo detalle de la sociedad civil (también llamados “ciudadanos”, “ciudadanía”…aunque yo prefiero llamarnos sencillamente “pueblo”) y dejan enormes vacíos legales a escandalosos actos, que si bien son legalmente correctos, son moralmente reprochables.

    • Las condiciones laborales de los directivos bancarios son fijadas en sus Consejos de Administración. Al tratarse de empresas privadas, solamente los accionistas o propietarios de los bancos cuentan con capacidad para establecer límites. Ahora bien, al igual que el capital inyectado por el Estado está sujeto a ciertas condiciones en términos de recapitalización de la entidad rescatada, dotación de provisiones… también sería deseable establecer límites a la retribución de los directivos y, sobre todo, a las indemnizaciones de aquellos directivos que deben abandonar la entidad. En su día creó que se habló de limitar el salario de los directivos de las entidades rescatadas a 700.000 euros anuales. No sé si la medida se habrá implementado finalmente…
      De cualquier modo, siguen existiendo algunos casos verdaderamente vergonzosos de directivos bancarios que, después de que sus entidades necesitasen dinero público, han recibido cuantiosas indemnizaciones. Afortunadamente, muchos de ellos están siendo llevados ante la Justicia.

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