La Privatización de la Sanidad

Primeramente quería pedir disculpas por la inactividad del blog durante varios meses. La incorporación al trabajo y el retorno a las aulas me dejan poco tiempo para sentarme a escribir. En los últimos meses, se ha venido fraguando un intenso … Seguir leyendo

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La recompensa del chivato

El viernes mis compañeros de promoción del Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado (TCEE) y yo visitamos la Comisión Nacional de la Competencia (CNC). En este blog he subrayado en varias ocasiones la importancia de la competencia para … Seguir leyendo

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La gran tarde de Curro Romero

Hace unos días veía en televisión una entrevista al Secretario General de Comisiones Obreras (CC.OO.), Cándido Méndez, en la que el entrevistador le preguntaba por el desencanto que parecía mostrar la ciudadanía española con los sindicatos. El líder sindical respondió … Seguir leyendo

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El doble problema de riesgo moral de la intervención del BCE

El riesgo o azar moral es un concepto económico que, en términos generales, describe aquellas situaciones en las que las consecuencias de las acciones de un individuo son soportadas por terceros, lo que provoca un comportamiento más irresponsable por parte de éste. Veamos algunos ejemplos: Cuando un … Seguir leyendo

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El paciente español

En estos últimos días parecen estarse ultimando los detalles del rescate español. Para que éste sea efectivo es preciso, al igual que ocurre con los pacientes médicos, no sólo que el tratamiento sea eficaz sino también que el diagnóstico sea … Seguir leyendo

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La mistificación monetaria

Joseph Stiglitz es uno de los economistas a los que más admiro por su teorización y modelización de las imperfecciones de los mercados. Gracias a su labor se ha conseguido paliar, al menos parcialmente, las críticas de quienes afirman que los modelos económicos son representaciones poco acertadas de la realidad. Fue por ello que Stiglitz sería galardonado en 2001 con el Premio Nobel de Economía. Además, su popularidad en España aumentó considerablemente tras manifestar su apoyo al movimiento 15-M en 2011.

Ayer precisamente me encontraba en Elpais.com un artículo muy interesante de este autor titulado “La mistificación monetaria” donde analizaba con gran detalle los efectos de la última ronda de Quantitative Easing (compra de activos mediante la impresión de dinero por parte de un banco central) anunciada por la FED, aprovechando la ocasión para hacer algunas menciones a las OMT (compras de deuda de países en apuros) del BCE.

Aunque resulta muy pretencioso por mi parte intentar corregir a un Premio Nobel, creo que el análisis de Stiglitz, sin dejar de ser excelente, precisa de algunas matizaciones:

En primer lugar, Stiglitz habla de la necesidad de recurrir a la política fiscal (aumento del gasto público o reducciones de impuestos) ante la ineficacia de la política monetaria. Así, recomendaba a EE.UU. y a la UE llevar a cabo políticas fiscales expansivas en lugar de optar por la austeridad.

Sin embargo, EE.UU. mantiene un elevado déficit estructural, es decir, un déficit que no será eliminado ni siquiera cuando su economía opere a pleno empleo. Esto se debe a las rebajas fiscales aprobadas por George Bush durante su mandato con el objetivo de reactivar la economía tras los atentados del 11-S y el estallido de la burbuja tecnológica. Aunque las medidas deberían haber tenido un carácter temporal, como decía Friedman, “no hay nada más permanente que las medidas temporales de los gobiernos”. De hecho, el propio presidente Obama no ha contado con el apoyo suficiente para eliminar unos beneficios fiscales que además se centran en las clases sociales más altas. Así pues, aunque reducir el déficit en EE.UU. no debe ser una prioridad, sí que sería deseable que existiese una senda creíble de reducción del mismo a medio plazo.

En la UE, por su parte, pocos países cuentan con margen de maniobra suficiente para llevar a cabo políticas fiscales expansivas. De hecho muchos países han sido (o amenazan con ser) expulsados de los mercados financieros a través de costes prohibitivos de financiación. Otros como Francia, donde el gasto público es el segundo mayor de la UE en porcentaje del PIB (56% del PIB) cuentan con escaso margen para aumentar más el gasto. Tan sólo Alemania y algún que otro país nórdico cuentan con cierto margen para aumentar el gasto. Por tanto, lo que la UE necesita es una verdadera unión económica y política de manera que los países en buena situación económica puedan transferir recursos a los países que se encuentran en la fase bajista del ciclo para que éstos puedan a su vez suavizar el ritmo de reducción del déficit público. En definitiva, tanto EE.UU. como la UE precisan de planes creíbles de reducción del déficit. No obstante, no debe confundirse en ningún caso credibilidad con rapidez.

Por último, en una parte del texto Stiglitz afirma que las políticas monetarias ultraexpansivas, al reducir el coste de uso del capital, es decir, el tipo de interés, favorecen en cierta medida la sustitución de trabajadores por máquinas aumentando así el desempleo. Si bien el argumento es totalmente válido, la destrucción de empleo por esta vía no debe entenderse como algo negativo. Así, se cuenta que en cierta ocasión un economista occidental visitó la China de Mao y vio como unos obreros construían una carretera utilizando picos y palas para allanar el trayecto. El economista sugirió al jefe de obra chino utilizar bulldozers para agilizar el trabajo. Sin embargo, el jefe de obra chino, ofendido, respondió: “Está usted loco. Si utilizásemos bulldozers destruiríamos muchos empleos”. A lo que el economista contraatacó diciendo: “Ah, de acuerdo. Pero si lo que pretenden es crear empleo, utilicen cucharas en lugar de palas”.

En definitiva, la creación de empleo es un fin loable pero siempre que ésta se derive de un aumento de los niveles de producción y bienestar en un país.

 

A pesar de estos dos pequeños matices, el artículo de Stiglitz es altamente recomendable. De hecho, en otras ocasiones el propio Stiglitz ya ha sugerido la necesidad de una reforma del sistema fiscal estadounidense. En cuanto al segundo matiz, aunque la destrucción de empleo por esta vía parece presentarse en el artículo como una consecuencia poco deseable de la política monetaria, Stiglitz en realidad tan sólo se limita a predecir la sustitución de trabajo por capital sin manifestar su opinión al respecto.

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Escepticismo sobre la tasa Tobin

En 1971 James Tobin propuso gravar con un ligero impuesto las operaciones en el mercado de divisas. Su objetivo, en palabras del propio Tobin, era “echar arena a los monumentales engranajes de las finanzas internacionales”, es decir, limitar los movimientos especulativos sobre los mercados de divisas que entonces amenazaban con provocar el colapso del sistema monetario de Bretton Woods.

En dicho sistema, existía un tipo de cambio fijo del dólar con respecto al oro de 35 dólares por onza. A su vez la fluctuación máxima permitida para el resto de monedas participantes con respecto al dólar era del +/-1%. Los bancos centrales de cada país eran los encargados de comprar y vender las monedas oportunas para subsanar posibles desequilibrios. En este contexto un impuesto del 0,1% como el propuesto por Tobin sobre la compra de divisas hubiese facilitado la labor de los banqueros centrales. No obstante, difícilmente hubiese evitado la ruptura del sistema que se produjo definitivamente en 1973, ya que dicha ruptura se produjo por las reticencias de Estados Unidos a controlar el crecimiento de su oferta monetaria.

Poco a poco la tasa Tobin fue cayendo en el olvido hasta que se produjo la crisis financiera de 2007-2008. Entonces, en la reunión del G-20 del otoño de 2008, se planteó crear un impuesto sobre la compraventa de prácticamente todo tipo de activos financieros (acciones, bonos, derivados…) con el objetivo de limitar la especulación. Finalmente, esta semana once países de la UE, entre ellos España, acordaron gravar con un impuesto del 0,1% la compraventa de bonos y acciones y con un 0,01% la de derivados.

El objetivo fundamental de esta tasa es doble: limitar la especulación y obtener fondos para las exhaustas arcas europeas. No obstante, el cumplimiento de estos dos objetivos podría verse erosionado por varios motivos:

En primer lugar, la especulación no es mala en sí misma. De hecho, en una gran mayoría de los casos, el especulador actúa como el niño que le dice al emperador que va desnudo. Así, esta semana el FMI hablaba de que la prima de riesgo española no se justifica por los fundamentos de nuestra economía sino que existe un componente especulativo importante pero, al mismo tiempo, anunciaba que si los problemas europeos no se resuelven la prima podría dispararse hasta los 750 puntos. Por tanto, los especuladores nos están llamando la atención por los problemas no resueltos.

En segundo lugar, un impuesto del 0,1% sobre la compra-venta de deuda pública parece insuficiente para desalentar de manera significativa los ataques sobre la deuda española, ya que las fluctuaciones diarias de ésta sobrepasan este porcentaje en muchas ocasiones.

Por último, la utilidad de la tasa europea como instrumento recaudatorio también es limitada mientras que no sea aplicada por todos los países del mundo. Así, es probable que la actividad de centros financieros de países que han aplicado la tasa como Madrid, París o Berlín se desplace a centros de otros países que han optado por no aplicarla como Londres, Nueva York, Hong Kong o Singapur.

 

En definitiva, la tasa Tobin es un impuesto loable en tanto que permite gravar indirectamente las rentas del ahorro, las cuales generalmente disfrutan de una fiscalidad más favorable. Sin embargo, mientras que la tasa no sea aplicada de forma global su recaudación será limitada.

Por otra parte, su utilidad como instrumento anti especulación no sólo es reducida sino que además resulta también poco deseable. Antes de criticar la actuación de los especuladores deberíamos hacer un ejercicio de autocrítica y ver cuáles son nuestros puntos débiles que dan lugar a tales ataques.

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